jueves, 14 de enero de 2016

LOS 40



Alcanzar los cuarenta en el año que promete un “niño” que afectará el clima mundial como nunca, elecciones nacionales y una crisis global de migrantes a una escala que recuerda la película Children of men.  

Son cuatro décadas, catorce mil seiscientas puestas de sol, treinta y nueve millones cuatrocientos veinte mil latidos del corazón…  Tanto esfuerzo y energía para que este cuerpo se siga despertando y gastando el oxígeno que todavía nos llega gratis desde una atmósfera más que maltratada.

Normalmente no sabemos a qué venimos a este mundo. No es mi caso. Mi madre sabía perfectamente lo que estaba haciendo cuando hizo caso omiso al doctor que le recomendó esperar para tener otro hijo, al menos un par de años.  La señora se puso manos a la obra y en menos de un año me tenía entre sus brazos, a mí, el sustituto de un hermano mayor que nunca conocí.

Desde entonces mi madre siempre me celebró cada pequeña victoria, cada mínimo logro, mientras mi padre hacía lo posible por mantener mi ego a raya. A mí me tocaría descubrir la vida de un hijo único de la clase media, en medio de una revolución de la que me llegaban ecos lejanos en forma de muñequitos del pueblo y un himno que prometía un futuro de leche y miel.

Si veo para atrás me pienso como un testigo silencioso de una época de cambios: una revolución, la guerra fría, la caída del muro de Berlín, las elecciones del noventa, las políticas de compactación, el gobernar desde abajo, las huelgas de transporte, mil y un fraudes electorales, la caída de las torres gemelas.

En lo personal he transitado del romanticismo idealista, al cinismo, del catolicismo conservador al ateísmo más llano, de psicólogo a una especie de consultor multi tarea. Me he reinventado un par de veces, tratando de sanar heridas e impulsarme a ser mejor persona, con un éxito más bien modesto.

Alcanzo los cuarenta con la terquedad de seguir siendo ese niño de clase media que pasaba todo el día creando desde el dibujo y la escritura para exorcizar el aburrimiento y la soledad. Alcanzo los cuarenta con un hijo de catorce y una hija de cinco que diariamente me dejan claro que es muy poco lo que sé. Alcanzo los cuarenta con el mejor padre y el mejor amigo de la infancia que uno podría desear.

Alcanzo los cuarenta sin metas mesiánicas, sin ideales glamurosos, sin grandes conocimientos. Sólo la necesidad de seguir creando, seguir aprendiendo y no cagarla, o al menos cagarlo menos.
A seguir caminando.

Alberto Sánchez Argüello

Managua 14 de enero 2016

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